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martes, 25 de noviembre de 2014

Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer

Por Cecilia Sánchez de Medina

"Robó tu alma mientras las palmas de sus manos me mostraron el infierno. Su amor por ti fue una tremenda farsa. Una farsa de la que quiso que fuera partícipe. Buscó mi aliento más de una tarde de aquél largo año. Más no lo encontró. Movía el frágil candil de la entrada, ese que el jorobado guardián colocó más allá del alcance de nuestras torpes manos. Mas mi silencio encontró una y otra vez. Solo un día me acerqué. Abrí la puerta y le miré fríamente. Se acercó lentamente e intentó besarme. Buscó una mirada cómplice pero yo coloqué el freno de mano. ¿Qué esperaba?


Tú mientras estabas en casa. Sola, agotada y con la cena preparada para los dos, encima de aquella vieja mesa de madera que tantos recuerdos guardaba bajo el tapete de la abuela. Solo de pensarlo se me encogía el alma.


Siguió insistiendo, una y otra vez. Al menos, tres veces cada semana. Yo cerraba puertas y ventanas. Hasta que aumentó la frecuencia de sus temibles visitas. Comencé a sentir verdadero pánico. ¿Qué podría pasar si conseguía entrar? ¿De qué sería capaz? No quise seguir imaginando. Comencé a realizar un ritual. Cada tarde, a eso de las siete y media, encendía mi radio y me colocaba los cascos. Al ritmo de salsa y boleros, contemplaba el péndulo del reloj que presidía la chimenea. Esperaba, así, que llegaran las nueve. A esa hora ya era seguro que él habría llegado a su casa. A tu casa. Contigo, a cenar.


Pasó un verano y otro más. Y al llegar el segundo otoño sucedió. Eran las ocho de la tarde de un miércoles. Yo esperaba sentada, con la música y mirando el reloj. Escuché gritos que mis boleros no consiguieron apaciguar. Apagué la radio y le escuché. Era él. Gritaba como un loco. – ¡Ha desaparecido!, ¡ha desaparecido!- así, una y otra vez. Decidí salir. Pensé que hablaba de ti. Abrí la puerta y  me encontré a un hombre ensangrentado con la boca desencajada que comenzaba a reír. Se reía de mí. – ¡No eres tan lista como pensaba- se abalanzó sobre mí e intentó ahogarme. No sé cómo lo hice pero saqué fuerzas y conseguí liberarme. Corrí y alcancé un bloque de hierro con el que pude golpearle. Cayó y cesó el miedo, la angustia y el dolor. Comencé a correr, casi sin aliento hacia tu casa. Abrí la puerta y allí estabas tú. Con el mandil puesto, la cena en la mesita de madera, y tu característica sonrisa de oreja a oreja. No sabías nada… Ahora tocaba explicar. –Ven, siéntate que te tengo que contar. "


Estas son las palabras que escribí hace unos meses. Ocurrió tras escuchar la noticia de un asesinato. Un crimen contra una mujer. En mi pequeña historia las dos mujeres se libraron de las garras de un hombre cruel pero la realidad supera siempre la ficción. Llevamos 10 años con la Ley integral contra la violencia de género y los datos no son nada alentadores. En esta década, 613 mujeres han muerto a mano de sus parejas o ex parejas (44 en lo que va de año). Además, se han interpuesto más de un millón de denuncias, según datos del CGPJ y del Gobierno. Sin olvidar que, desde 2005 hasta el primer semestre de este año, se han dictado 227.101 órdenes de protección y 264.080 sentencias condenatorias.

Por desgracia, siempre ha existido la violencia. Pero si hay una fecha que marcó realmente un punto y seguido para acabar con ella, esa fue la del El 25 de noviembre de 1960.  Aquel día se encontraron los cuerpos de las tres hermanas Mirabal en el fondo de un acantilado en la costa de la República Dominicana. Este suceso se dio a conocer como un trágico accidente. El encargado de venderlo así fue Trujillo, el dictador dominicano que dio la orden para asesinarlas. Esto salió a la luz y terminó, seis meses después, con el asesinato del caudillo. Desde entonces, se conmemora ese día para luchar contra la violencia a todas las mujeres.

Quiero recoger las palabras del Secretario General de las Naciones Unidas por este Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, porque queda mucho por hacer: “acojo con beneplácito el coro de voces que piden que se ponga fin a la violencia que afecta a alrededor de una de cada tres mujeres a lo largo de su vida. Aplaudo a los dirigentes que están ayudando a promulgar leyes y a hacerlas cumplir, y a cambiar mentalidades. Rindo homenaje, además, a todos los héroes en el mundo que ayudan a las víctimas a sanar y a convertirse en agentes del cambio”.

La mujer, hoy en día, sigue sufriendo discriminación tanto en las leyes como en la práctica. Persisten las desigualdades por razón de género y la violencia contra la mujer es una pandemia global. Según datos de la ONU, hasta un 70% de las mujeres sufren algún episodio de violencia en su vida.

Por eso, nos sumamos a la Campaña de la ONU “Únete para poner fin a la violencia contra las mujeres”. Según esta, el 25 de cada mes es el Día Naranja. Entre otras cosas, nos animan a llevar ese día alguna prenda naranja. Así, mostrar nuestra repulsa a la violencia y nuestra reclamación para que se sigan tomando medidas. Este año, la campaña se extenderá desde el 25 de noviembre hasta el 10 de diciembre que es el Día de los Derechos Humanos. Porque hay que luchar contra esta lacra. Porque no podemos permitirnos el escuchar datos como que cerca de 120 millones de niñas han sufrido el coito forzado u otro tipo de relaciones forzadas en algún momento de sus vidas, o que unos 133 millones de mujeres y niñas han sido sometidas a la mutilación genital femenina, según ONU Mujeres.

Os invitamos a entrar en la web la ONU mujeres para conocer más datos e información sobre la campaña. Luchemos todos contra la violencia. Y recordemos que existe un teléfono de información denuncia y asesoramiento en materia de violencia de género, del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. El teléfono es el 016. Atención gratuita las 24 horas de los 365 días del año.
Además, en Algete, se puede acudir a la Concejalía de la Mujer, en la calle Limón Verde, 1, primera planta (teléfono: 91 628 12 84).

sábado, 8 de marzo de 2014

8 de marzo: Día Internacional de la Mujer


Por Cecilia Sánchez de Medina

Corría el año 1931 cuando Paula dejaba la maleta en el suelo empedrado de aquel desconocido pueblo de la provincia de Cádiz. Tenía 21 años. Un poco indecisa, comenzó a caminar por las extrañas calles del lugar. No encontró ni un solo gesto de complicidad. El recelo se sentía en cada esquina. En las ventanas de las casas, se movían las cortinas. Las miradas de la gente penetraban en su pequeño cuerpo como si de puñaladas se tratara. Le pareció que no pasaba el tiempo. Pero, por fin,  Paula llegó al colegio. Era su primer día. Acababa de obtener la segunda mejor nota en las oposiciones. Aquél día, era el inicio de su gran pasión: enseñar a los niños. Sin embargo, ella era una maestra novata, nueva y laica. En el pueblo no querían una maestra laica y ella ya sabía que no iba a ser bien recibida. A pesar del temblor de sus flacuchas piernas, no bajó la mirada. Maleta en mano, entró en su clase. Los padres de los niños entraron también. No se fiaban de ella. Todos en pié esperaban las primeras palabras de aquella extraña republicana que no traería más que conflictos. Paula tragó saliva, dirigió la mirada al fondo y soltó con firmeza sus primeras palabras. De aquellas dependía el resto de su estancia en el pueblo: “Pater Noster, qui es in caelis, sanctificétur nomen Tuum…” Comenzó a rezar en latín. Empezaron a cruzarse las miradas. Unos y otros respiraban aliviados y, poco a poco,  se unían a los rezos. La mujer terminó y dijo: “Ahora, si no les importa, quiero comenzar a trabajar”. Los adultos se marcharon aliviados y Paula había conseguido el respeto del pueblo. Empezó así a impartir  la enseñanza propia de la República. Una enseñanza, por cierto, de la que estaba muy orgullosa.

Ella es una de las mujeres que yo tengo en mi memoria. Se trata de mi abuela. Pero hay muchas más. Seguramente la más importante sea mi madre. Luchadora, una gran profesional con prestigio internacional, madre, amiga… Podría seguir, por supuesto y me faltaría espacio y tiempo para escribir sus bondades. Pero lo que quiero plasmar con estas palabras es que vivimos rodeados de mujeres maravillosas. Sin importar a qué se han dedicado, cuáles hayan sido sus logros… Al final, lo que nos enriquece y nos llena de orgullo es su forma de ser, su energía, vitalidad, cariño… Son mujeres luchadoras que lo dan todo por sus hijos, que sacrifican su felicidad por la de su familia… Deberíamos homenajearlas todo el año.

Sin embargo, los datos nos revelan la peor cara de la realidad que viven las mujeres. Por ejemplo: una de cada tres europeas ha sufrido violencia física o sexual desde los 15 años. El 22% de las mujeres que han tenido una relación de pareja con un hombre ha experimentado violencia física o sexual por su parte. El 55% de las mujeres mayores de 15 años ha sufrido alguna forma de acoso sexual (datos de La Agencia de Derechos Fundamentales de la Unión Europea). Además, según datos de la Unesco correspondientes a 2013, siete de cada 10 mujeres en el mundo sufrirán algún tipo de violencia durante su vida y cada día mueren tres mujeres en el planeta como consecuencia de la violencia machista. Inaceptable.

 Además, sabemos que la mujer de hoy en día está muy preparada para la vida laboral. De hecho, obtienen mejores calificaciones que los hombres en la etapa universitaria. (Según datos del Instituto Nacional de Estadística, el 54,3% de los matriculados en la universidad el último año, eran mujeres. Por si no fuera poco, ellas representan el  61% de los lectores de tesis doctorales con menos de 34 años.)  A pesar de estos datos, tras su formación, consiguen la mayoría de los empleos a tiempo parcial, perciben menos salario y están en menos puestos de responsabilidad en las empresas y ámbitos de decisión. Sólo ocupan el 11,7% de los puestos directivos en España. Además, las ejecutivas españolas reciben menor retribución salarial que sus homólogas europeas y no digamos ya que los hombres en sus mismos puestos de responsabilidad. Y lo más grave es que vamos a peor. En los últimos años, las mujeres han ido perdiendo protagonismo en los órganos directivos. (Datos que publica hoy el periódico El Mundo)

Y es que a muchas nos da la sensación de que hay quien piensa que deberíamos volver a casa. Si en casa ya estamos. O, si no, que pregunten por ahí a ver qué mujer no realiza las labores del hogar, además de cuidar a sus hijos y acudir a su puesto de trabajo. Por suerte, hay que ser justos y reconocer que cada vez son más los hombres que comparten estas tareas.  Como debe ser. Es que debería ser lo normal. No habría ni que decirlo.

Ojalá no hubiera que hablar de la mujer. Me gustaría que no existiera el Día Internacional de la Mujer. Significaría que todos tenemos los mismos derechos, que vivimos en igualdad de condiciones. Sin embargo no es así. No existe la igualdad y en vez de avanzar, estamos retrocediendo y las mujeres, desde mi punto de vista, vemos cómo nos recortan, limitan o eliminan nuestros derechos. Estamos a menos de dos años de la fecha límite de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Según ha contado estos días la directora ejecutiva de ONU Mujeres, Phumzile Mlambo-Ngcuka, el progreso de las mujeres está siendo lento y desigual. Necesitamos mejorar en recursos, derecho, empleo…. Pero no vamos por el buen camino.

Un 8 de marzo de 1857, un grupo de obreras textiles decidieron salir a las calles de Nueva York para protestar por las míseras condiciones en las que trabajaban. Pero la cosa no quedó ahí. El 5 de marzo de 1908, otro grupo de mujeres, en Nueva York, comenzó una huelga para reclamar la igualdad salarial, la disminución de la jornada laboral y un tiempo para poder dar de mamar a sus hijos. Durante esa huelga perdieron la vida un centenar de mujeres quemadas en una fábrica de Sirtwoot Cotton, en un incendio que se atribuyó al dueño de la fábrica, como respuesta a la huelga. Dos años más tarde, durante la celebración en Copenhague de la Segunda Conferencia Internacional de Mujeres Trabajadoras, más de 100 mujeres aprobaron declarar el 8 de marzo Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Actualmente, Día Internacional de la Mujer.

En recuerdo a todas ellas, merece la pena seguir “batallando” para conseguir esa igualdad soñada. Eso sí, cada día nos lo ponen más difícil. Es trabajo de todos conseguirlo. Yo os he hablado de mi abuela. Es un ejemplo de una mujer que luchó por lo que quería y lo consiguió. A mí me sirve el tener en la cabeza el recuerdo de este tipo de personas. Me ayuda para seguir trabajando día a día por lo que me hace feliz. Pero no hay que poner siempre la mirada hacia el pasado. Mirad a las mujeres que tenéis a vuestro lado. Seguro que encontráis auténticas luchadoras que hacen lo imposible para salir hacia delante. Creo que en ellas deberíamos fijarnos y aprender. Ante ellas, yo, me quito el sombrero. Ojo, sin olvidar a todos los hombres que con su forma de hacer demuestran que la igualdad es posible.

Pero como dijo Kofi Annan, “una completa igualdad (para la mujer) significa más que el logro de objetivos estadísticos; debe cambiar la cultura”.